sábado, 29 de noviembre de 2008

Lucien Freud



PintorRecomendado: Lucien Freud.

Dale,Dale

Dale, dale.

Autor: Juan Manuel Fernández Ariza.

En la ochava que da a la popular Sur, sobre la acera cargada de tanto tráfico y gente y ruido estaba el niño con la sonrisa triste del cero a cero en lo que va del partido, a los cinco minutos del primer parcial, sin abrirse el marcador en lo que va del partido por el hambre que no se puede, que así con este hambre no se soporta, ya no se banca y los ojos duros de tanto aspire de Fana y Poxi y Paco y Paco que no se banca, que no se puede, la piel reseca por el sol y el frío, que no se bancan, el frío y el sol que queman en este estadio repleto de gente que salta, se agitan al solo grito del dale, dale, y la red que contiene, que tiene el dale, dale la señora que esta distraída y es vieja y esta sola, que no entiende, que no sabe, no presiente, no puede o no quiere, entre tanta gente con el dale, dale, sostiene esa cartera color crema y este hambre y esos deditos finos y esa cartera color crema apretada en la mano y el hambre que es ahora o nunca, ni después ni mas tarde, ahora o nunca, ni mañana ni pasado, ahora o nunca la sonrisa triste que se transforma en risa, la risa en prisa y las topper que pisan fuerte en el asfalto cargado y el silbato estridente del referí que dicta, dictamina, marca el full, la falta, la infracción, el error, la falla y la popular Sur que se exaspera, grita, insulta, se enerva no quiere no acepta, no entiende y no quiere el salto rápido, ágil que lo coloca a un paso de la cartera color crema y el cuerpito delgadísimo del niño que se agazapa, los músculos se contraen, los nervios despiertan las pupilas que toman vida y se concentran, todos los ojos expectantes, atentos ante el peligro: El arrebato del niño gato que se estira, seguro, grácil ante todo lo que cuelga del kiosco de chapón verde de la esquina entre Paturuzús, Clarines y Caras y Noticias y Moda y el bombo que suena, late como el corazón en la boca y la bandera que ondula sobre la cancha donde el diez coloca la redonda la luna para tomar envión, la vista al frente y el dale y dale del equipo y la popu que calla, que espera y la corrida veloz, desesperada, inconsciente, increíble, gritan en la cabina, en la platea increíble como salta, como esquiva, como evade un, dos, tres, cuatro... vehículos de la Avenida que no cesa, que no para, el aliento de la popu que estalla y la cartera en el sobaco, segura bajo el brazo y el sudor frío que corre y corre el dale y dale y el corazón-bombo-corazón que late fuerte agitado y dale, dale, dale que ya esta que podés, que es tuya, que ya esta y el gol, gooooool, goooooooool.

Un Renault rojo sangre que no frena, que lo embiste, lo levanta, a tiempo, en tiempo y el pibe que vuela, toca el cielo con las manos, se introduce en el ángulo superior derecho, el diez detenido por la red festeja la gente, festeja el diez y la gente la caída, el golpe contra el pavimento, la sangre que estalla y el dale y dale de la popular sur que no cesa que no para, que pide mas que esta contenta la popu y el dale daaale.-

Comentario

TEATRO

El que seré

Lo único que nuca se olvida es el olvido

Por Daniel Garabal

Sergio es un escritor, un poeta. Su amnesia no le permite recordar más allá de lo instantáneo. Diana es su esposa, su abnegada y fiel esposa que trata de que él recuerde para ambos poder seguir adelante El descarga su bronca, su rencor y sus odios por su situación en Diana. Ella solo responde con los poemas de él, con su misma retórica, con su amor como bandera. La historia de la humillación al otro como salvavidas o la del dejarse humillar por amor, lo único cierto es que de lo único que nadie se olvida es del olvido. Esto es el meollo de la nueva obra que escribió y dirige Claudio Ferrari. Una obra con la potencia de las palabras apoyada por dos buenas actuaciones, sobre todo la Diana que interpreta Maia Francia. Esta puesta está más basada en las palabras que en los gestos por eso es doblemente loable el trabajo tanto del director en la marcación como el de los actores en el trabajo. En cuanto a los personajes Juan Manuel Fernández Ariza muestra con su mirada gacha y su hombros caídos la vergüenza del hombre que descarga su bronca en quién sabe que no corresponde, mientras que Maia Francia vuelve a demostrar sus dotes actorales con una Diana que va de la fortaleza a la desesperanza paso a paso, convirtiéndose de una mujer sumisa por amor a una mujer fuerte que quiere poner las cosas en su lugar. Una obra con mucho potencial para ver y meditar. Ficha Técnica: El que seré (de Claudio Ferrari) – Director: Claudio Ferrari -Vestuario: Maia Francia y Juan Manuel Fernández Ariza – Iluminación: Pablo Calmet - Escenografía: Laura Poletti – Intérpretes: Maia Francia y Juan Manuel Fernández Ariza - Teatro “Belisario” (Av. Corrientes 1624 - Cap.)- Calificación: Muy Buena

El Que Seré



El Que Seré.
Última función del 2008:Viernes 05 de Diciembre.
Teatro:Belisario.
Corrientes 1624,Bs As,Capital.

Para pensar

Argentina
Hambre y represión
El psicoanalista y director de teatro Eduardo Pavlovsky advierte que el hambre y la desnutrición infantil son violaciones a los derechos humanos equiparables a las atrocidades de la dictadura. Y que allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus consecuencias actuales.
Existía una cultura de la complicidad civil durante la dictadura. Hoy también existe una cultura de la complicidad civil en relación con el problema del hambre y la desnutrición infantil en la democracia. Es un abordaje social cultural. Como dice Giardinelli en PáginaI12: “Nuestro presente sociocultural configurado por entre 10 y 15 millones de compatriotas carentes de esperanzas, muchos de ellos en estado de animalidad. Eso no se debe a un cataclismo ni es un flagelo natural, sino que es resultado de políticas que aquí se aplicaron y es urgente revertir, pero en serio y definitivamente, lo que implica exigir a las autoridades urgentes medidas reparadoras”.
El intendente Gustavo Posse dijo que el crimen del ingeniero Barrenechea está relacionado con el retiro de efectivos de Gendarmería en la villa La Cava. Alguien le contestó: “El triste suceso está relacionado con la ausencia de educación, de salud, de trabajo, de buena alimentación, de los derechos fundamentales del hombre: ausencia de igualdad, ausencia de oportunidades, ausencia de políticas que tiendan a preservar la dignidad humana, en ese asentamiento y en otros muchos puntos de la República”.
Dicen que los pibes de La Matanza son reclutados por organizaciones para cometer robos en otros puntos suburbanos. Los pibes se “entrenan” porque el reclutador les paga 500 pesos por cometer asaltos, robos o asesinatos que sufren todos los días principalmente las casas de la zona norte. Dicen que los preparan drogándolos antes de llevarlos al lugar indicado.
La lógica de un pibe de La Matanza no es la lógica de un pibe de Capital o San Isidro. Son dos o tres generaciones donde los valores se han transformado en la cultura villera sobre el hacinamiento, la promiscuidad, la falta de higiene, agua potable y de la carencia de recursos humanos para vivir con dignidad. La desigualdad social hoy es más amplia que nunca y también influye en este tipo de producción de subjetividades.
En la provincia de Buenos Aires, entre los 15 y los 20 años los jóvenes piensan que dentro de cinco años van a estar muertos o excluidos (encuesta del Ministerio de Desarrollo Social). No pueden pensar ni imaginar el futuro. Y no poder imaginar un futuro o un proyecto los convierte en un ser de otra cultura, formada por otros valores, por otros ideales, además de ser jóvenes que han convivido con tres generaciones sin trabajo.
Había que ver el desconcierto de Chiche Gelblung con dos jóvenes de La Cava que llevó a su audición televisiva. Chiche le preguntó a uno de ellos por una camisa Nike que llevaba puesta. El joven le contestó: “¿No te gusta que la tenga yo, no?”. Y agregó: “Esta ropa es sólo para tipos como vos, cuánto ganás aquí, decímelo, vos debés tener mucha guita y te podés comprar muchas cosas”. Y se inició un diálogo imposible, suscitado por el joven adolescente de La Cava y un Chiche desconcertado y desconocido que parecía someterse a un interrogatorio. Nunca lo vi tan incómodo en una entrevista, porque evidentemente es un periodista muy inteligente, pero acá se enfrentaban dos culturas diferentes.
Miles de familias están volviendo a los comedores comunitarios. En la red de banco de alimentos la demanda es un 15 por ciento mayor que en el 2007. En el partido de La Matanza la suma de las camas públicas de los hospitales es de 0,4 cada 1000 matanceros, una proporción bajísima. La Organización Mundial de la Salud establece una relación que debe ser 6,3 cada 1000 habitantes.
Es imposible no condenar los crímenes, los robos a que son sometidas las víctimas de la delincuencia y que abarcan las tres clases sociales, familias destruidas, otras que viven en permanente estado de miedo y temor. Nos identificamos con su miedo y su dolor. No podría ser de otra manera. Pero no es disminuyendo la edad de la imputabilidad de los menores de 14 años; como solución final, esto es ingenuo.
Tenemos que recordar que los derechos humanos no pueden quedar sólo asociados en la subjetividad popular al problema de la dictadura y los desaparecidos.
No debe valer más la vida de un desaparecido que la de un niño que muere de hambre, ni de los 27 que mueren por día por causas evitables. La indignación debiera ser la misma, la del joven desaparecido por el crimen de la dictadura y la del niño que muere de hambre en nuestro país.
Los derechos humanos deben ser el desarrollo de los recursos humanos para toda la población argentina. El combate al subdesarrollo de los recursos humanos (alimentación, salud, educación a todos los niños) debe ser prioridad y urgencia para prevenir futuros conflictos sociales. Empezar de abajo asegurándole a la niñez la estabilidad de poder vivir sus propios derechos constitucionales y de poder pensar en un posible futuro con dignidad. Es sólo poder pensar. El que no come no piensa y su arma es la inmediatez. No existen estructuras de demora, como habría dicho el doctor Fernando Ulloa. El hambre es un crimen en nuestro país, un crimen diario que potencia la delincuencia y el crimen organizado. Los ataques a las organizaciones como Pelota de Trapo –a través del rapto de uno de sus chicos, subiéndolos a coches donde son paseados amenazándolos por pertenecer a una organización que se ocupa del hambre y de la indigencia– son un buen ejemplo de la complicidad civil de un gran sector de la población argentina que se niega a identificarse con el otro sector argentino de la población que padece hambre e indigencia. La falta de respuesta frente al hambre es el germen de la complicidad civil. Es de “mal gusto hablar de la desnutrición infantil”. El hambre no es problema para un gran sector de la población. El que come tiene alimentación, educación y salud, sólo puede tener temor a ser saqueado, asesinado por la “animalidad” descripta por Giardinelli.
Desconocemos la subcultura de las zonas más carecientes, su lenguaje, sus valores, sus creencias y sus desesperanzas. Se nace allí en la villa y allí se forman sus valores, sus ideales, nada tienen que ver con los nuestros, que hemos podido alimentarnos, trabajar y estudiar. El programa de Chiche y los dos villeros de La Cava es la visualización práctica de las dos culturas enfrentadas.
El joven villero que sale a robar o matar por dinero, o por el dinero que le ofrecen, sólo siente que ése es su trabajo, no existen en esa subcultura nuestras categorías del bien y del mal, en esos chicos de 13, 14 o 15 años sin ninguna esperanza futura posible para una vida mejor.
Como dice la carta de Posse cuando afirma que el crimen del ingeniero Barrenechea estuvo relacionado con la ausencia de efectivos de Gendarmería en la villa, “en tanto no se solucione la ausencia del Estado en la villa, seguirán presentes la inseguridad, la desigualdad, la injusticia, el hambre, la mortalidad infantil, la deserción escolar, la pasta base y la prostitución infantil –y agrega–, la respuesta no debe buscarse en el Código Penal sino en la Constitución nacional”.
Allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus tremendas consecuencias actuales.
Insisto, el bien y el mal tienen distintos valores y códigos. Son los hustler, del ghetto negro de Chicago, que la familia espera ávidamente para recibir dinero que viene de los robos, asesinatos y drogas.
La ausencia de una política de Estado frente al retiro de fondos destinados a la ayuda social fue el origen del crimen juvenil. Los chicos de La Matanza y de La Cava son nuestros pequeños hustler.
No nos olvidemos que la pandilla juvenil más sangrienta en Latinoamérica, los maras, fue el origen de una mayor represión a los jóvenes en El Salvador. Hoy los maras han constituido un ejército temible de delincuentes infantiles que existen ya en Latinoamérica.
En la lenta recuperación de una justicia social donde los derechos devuelvan la dignidad a los muchos que la carecen, muchos de ellos ni saben que la carecen. Se ha perdido en esa subcultura de animalidad el derecho a tener derechos.
No más cárceles sino mejores instituciones que se ocupen de la infancia, devolviéndoles los derechos fundamentales de poder vivir y desarrollarse. No deben nacer condenados. La dignidad que fue devuelta a los indígenas de Evo Morales o a los cabecitas negras de Perón sólo consiste en ser personas y no vidas desperdiciadas, vidas no vividas, que merecen ser vividas.
Eduardo Pavlovsky. Página 12. 22 de noviembre de 2008